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sábado, 15 de febrero de 2014

Mujer madura busca… LA MATERNIDAD PERDIDA



Luz Patricia Silva Peñúñuri

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Master en Intervención en Violencia contra las Mujeres y Suficiencia Investigadora del Doctorado en Estructura Social y Desigualdad. Su desarrollo profesional está vinculado a la comunicación social, interculturalidad, igualdad y violencia de género.

                                              

Hace más de un año llegué a la década de los cuarenta. Una década en la que has superado, o al menos eso crees, la crisis que produce el reconocer los primeros síntomas del paso del tiempo en tu cuerpo: la primera cana, la primera arruga, el cansancio por un esfuerzo que antes no te costaba nada…

Hasta aquí creo que comparto las mismas experiencias que un amplio grupo de mujeres de mi edad. Pero resulta que pertenezco además a otro selecto grupo de mujeres con más de cuatro décadas a cuestas, una carrera profesional, un postgrado, una jornada laboral, una independencia personal para organizar la vida….Sí, sí todo eso, pero también un estado civil…SOLTERA.

A principios del año 2002 me trasladé a vivir a España por motivos académicos, al obtener una beca dirigida a latinoamericanos/as para estudiar un postgrado en Salamanca, y con el tiempo decidí prolongar mi estadía en este país por motivos profesionales. Por ahora éste es mi presente.

Esta decisión me ha permitido disfrutar más de mi vida personal, viajar, conocer a personas de diferentes partes del mundo, y tantas otras experiencias que te enriquecen con nuevas visiones y propuestas; pero también me ha obligado a mantenerme ausente, durante largos períodos, de mi querida tierra sinaloense.

Por este motivo, cada viaje a México es para mí un encuentro placentero con mis raíces y con mi gente querida, pero también un encuentro con esa maternidad que parece dejé escapar con el paso de los años.

“¿Y ya tienes novio?… ¿Y qué esperas para tener un hijo, si es que todavía lo puedes tener?... Al menos adopta… ¿Es que no te piensas casar?...” Son algunas de las preguntas que me suelen formular de forma sutil, y en otras muy directa, amigos/as y conocidos/as.

En ocasiones me siento examinada con gestos de desaprobación y miradas que me transmiten lástima hacia mi persona. Luego concluyen que es lógico, después de vivir varios años en España, convertirme en europea y feminista. Parece que todo queda resumido en estas dos palabras.

Creo en la igualdad de género y en la lucha para que tanto los hombres como las mujeres disfrutemos de los mismos derechos, y compartamos una sociedad donde se privilegie el respeto. Una afirmación que, estoy segura, coinciden conmigo miles de mujeres mexicanas.

El vivir en Europa no ha debilitado en mí la convicción de creer en el matrimonio, ni el deseo de formar una familia, pero sí me ha liberado de la presión social, que considero todavía muchas mujeres podemos llegar a sentir al cumplir cierta edad y no contar con un hombre al lado para formar una familia.

Parece que si no te casas eres rara, amargada, frígida, y hasta llegan a dudar de tu condición sexual. Y entonces vuelven a liberarse en mi cabeza una serie de preguntas: ¿Es que el proyecto de una mujer soltera vale menos por no contar con una pareja y formar una familia? ¿Es que una mujer no puede elegir esta opción de vida? ¿Es que sólo una mujer con pareja e hijos puede tener una vida estable? ¿La soltería tiene forzosamente que estar ligada a la soledad y la amargura? ¿Es que no me puedo casar a los cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta o cuando a mí me de la gana?

No, parece que decisiones como el tener una pareja y una familia tienen fecha de caducidad, y si no logras este objetivo a determinada edad de tu vida estas en problemas…sobre todo con aquella parte de la sociedad que se maneja con esquemas donde los estereotipos y prejuicios pesan más que el deseo y la elección personal.

A lo largo de mi vida he conocido a mujeres que se han casado por amor, pero también a otras tantas que se han casado por la presión social, porque ya casi “se les va el último tren”, porque el grupo de amigas ya se han casado, porque la realización de una mujer está en tener un hijo, porque ya se está en edad de merecer… Lo más lamentable es cuando la infidelidad, la falta de respeto, las dudas sobre los sentimientos, el acecho constante de celos queda a un segundo plano con tal de asegurar el matrimonio y la maternidad.

“Paty, no sigas esperando a tu príncipe azul porque no existen... ¿No has pensado que en el futuro la soledad acabará contigo?…Si tienes un hijo/a al menos el día de mañana tendrás a alguien que pueda acercarte un vaso de leche…Si no piensas casarte ¿por qué no pruebas ser misionera o religiosa?…” Son comentarios que he escuchado en los últimos años de mi vida.

Algunos de estos comentarios son construidos desde la malicia, pero otros tengo la seguridad que son expresados desde el cariño. Quizás lo más sorprendente es que varios de estos comentarios son expuestos por mujeres que hoy, ante la falta de amor en su matrimonio y/o herido por los celos, la infidelidad u otras faltas de respeto, deciden voltear hacia el otro lado para evadir su realidad y transmitir a la sociedad un mensaje de que “no pasa nada, todo está bien en mi vida, soy una mujer realizada”.

No sé qué me depara el futuro, pero tengo claro que la maternidad es una decisión personal y/o de pareja y no un asunto que concierne a terceras personas. Me niego a tener una hija para “asegurar” la compañía cuando llegue a la vejez, me niego a tener un hijo para sacudirme la etiqueta de rara, amargada, fría…

La maternidad no es una exigencia, es una elección. Así que aquellos/as que creen que la he perdido no se preocupen, que todavía está en mí, guardada celosamente. No sé si algún día seré madre, pero lo que sí sé, o al menos lo intento, es que el día de mañana cuando esté al final del camino pueda decir con orgullo que la ruta que he recorrido la he trazado YO.